Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

sábado, 24 de junio de 2017

Kazimierz Figlewicz “confesor y guía espiritual de Karol Wojtyla

Juan Pablo II recordaba muy a menudo a sus maestros, a aquellos quienes lo alentaron a dar sus primeros pasos espirituales en la familia, en su parroquia en la natal Wadowice y más tarde ya en Cracovia. Uno de aquellos fue sin duda el sacerdote Kazimierz Figlewicz quien desde Wadowice donde había sido destinado temporariamente, fue acompañándolo más tarde también en la catedral de Wawel.


Kazimierz Figlewiz, catequista y confesor de Karol Wojtyla,  nació el 6 de enero de 1903 en Krakow y murió el 23 de septiembre de 1983-Krakow.   Estudio teología en la Universidad Jaguellonica (1921-1926); y fue ordenado sacerdote el 19 de septiembre de 1925. Su primer destino fue la parroquia de  Ruszcza (1926-1930)  mas tarde Wadowice. (1930-1933). En el año 1933-1957 y desde 1957 fue vicario parroquial de la catedral de Wawel y desde 1957, canónigo y custodio.  Como tal debió afrontar intensos cuestionamientos e interrogaciones en épocas difíciles. En 1953 también fue detenido. Kazimierz Figlewicz fue catequista durante tres años en la escuela secundaria de Wadowice.  Ya en la catedaral de Wawel, en Cracovia se ocupo también de mantener al dia las actas de todas las reuniones realizadas y asi se mantuvieron valiosos testimonios y documentación,  también de la presencia de Karol Wojtyla en la catedral.


Juan Pablo II en su libro Don y Misterio describe asi su recuerdo del sacerdote.
  
“Durante aquellos años mi confesor y guía espiritual fue el P. Kazimierz Figlewicz. Me encontré con él la primera vez cuando cursaba el primer año de instituto en Wadowice. El P. Figlewicz, que era vicario de la parroquia de Wadowice, nos enseñaba religión. Gracias a él me acerqué a la parroquia, fui monaguillo y en cierto modo organicé el grupo de monaguillos. Cuando dejó Wadowice para ir a la catedral del Wawel, continué manteniendo contacto con él. Recuerdo que, durante el quinto curso del instituto, me invitó a Cracovia para participar en el Triduum Sacrum, que empezaba con el llamado "Oficio de Tinieblas" en la tarde del Miércoles Santo. Fue ésta una experiencia que dejó en mí una huella profunda.
Cuando, después del examen final, me trasladé con mi padre a Cracovia, intensifiqué la relación con el P. Figlewicz, que ejercía el cargo de vicecustodio de la catedral. Iba a confesarme con él y, durante la ocupación alemana, muchas veces lo visitaba.
Aquel 1 de septiembre de 1939 no se borrará nunca de mi recuerdo: era el primer viernes de mes. Había ido a Wawel para confesarme. La catedral estaba vacía. Fue, quizás, la última vez que pude entrar libremente en el templo. Después fue cerrado. El castillo real de Wawel se convirtió en la sede del Gobernador General Hans Frank. El P. Figlewicz era el único sacerdote que podía celebrar la Santa Misa, dos veces por semana, en la catedral cerrada y bajo la vigilancia de policías alemanes. En aquellos tiempos difíciles fue aún más claro lo que significaban para él la catedral, las tumbas reales, el altar de San Estanislao, obispo y mártir. El P. Figlewicz fue hasta la muerte fiel custodio de aquel particular santuario de la Iglesia y de la Nación, inculcándome un amor grande por el templo del Wawel, que un día llegaría a ser mi catedral episcopal.
El 1de noviembre de 1946 fui ordenado sacerdote. El día siguiente, en la "Primera Santa Misa" celebrada en la catedral, en la cripta de San Leonardo, el P. Figlewicz, estaba a mi lado y me hacía de asistente. El piadoso Prelado falleció hace algunos años (23 de septiembre de 1983). Sólo el Señor puede compensarlo por todo el bien que de él recibí.”

El padre Figlewicz por su parte lo recuerda asi a Karol Wojtyla:
“Cuando yo era joven sacerdote cumplí tareas de pastor asistente temporario en Wadowice durante tres años. En 1930 fui también sido asignado para enseñar  religion en la escuela secundaria local porque el programa del maestro titular estaba sobrecargado y necesitaba ayuda. Fue asi como me encontré dando clases en el primer año de la educación secundaria y allí conoci a Karol Wojtyla,  inciando asi una larga relación. Cualquiera que se haya encontrado con él en sus años jóvenes recordara que era alto y delgado y sería difícil imaginarlo a la edad de 10 años. Entonces era más bien alto pero algo gordito. Un niño muy talentoso, alegre, rápido y bueno y optimista,si bien  conociéndolo luego más a fondo te dabas cuenta de los efectos de haber quedado huérfano my temprano. Yo lo encontré por primera vez al poco tiempo de haber muerto su madre. Recuerdo su firme lealtad para con sus amigos y la falta de conflictos con los maestros.  Tenía buenas notas. Mi contacto con él en la escuela duro tan solo un año, pero no terminó allí. El servicio al altar fue lo que nos acercó mas.  Karol Wojtyla cumplía su tarea de monaguillo con absoluto celo. Quizás lo que más nos unió fue  el confesionario, nuestras charlas personales y visitas comunes. Fue por su intermedio que también conoció al Teniente Wojtyla, que había ejercido en la administración del Regimiento 12 de Infanteria radicado en Wadowice.  Nunca lo vi en uniforme, lo conocí después de su retiro.  Ya era un hombre entrado en años. Se ocupaba de la casa como viudo y cuidaba celosamente de sus dos hijos.  Recuerdo que comían en lo de sus vecinos.  Apenas llegaban a fin de mes. Su estilo de vida era muy frugal. Después de una corta estadía en Wadowice fui transferido como pastor asistente a la Catedral de Wawel.” (Fr. Kazimierz Figlewicz, Tygodnik Powszechny, 44/1978)

De la ordenación sacerdotal y primer Misa de Karol Wojtyla,  Figlewicz lo recuerda en breves palabras:
“El Cardenal Sapieha lo ordenó en su capilla privada el 1 de noviembre de 1946, fiesta litúrgica de Todos los Santos.  La ordenación tuvo lugar separadamente y antes que el del resto de los seminaristas,  debido a la inminente partida de Wojtyla a Roma, donde proseguiría sus estudios.  Así su primer Misa la celebro el Día de los Difuntos. Wojtyla me pidió que fuese su manuductor (del latin manus y ductor líder)  convirtiéndome asi en  testigo. El joven celebrante celebro tres  “primeras” Misas,  la primera para las almas de sus padres y hermano, en un sitio inusual: en la cripta románica de San Leonardo en Wawel;  entre tumbas de reyes y héroes nacionales. La primer misa solemne fue celebrada unos días más tarde en Wadowice” (Boniecki, Adam : The Making of the Pope of the Millennum, Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla, Marians of the Immaculate Conception, 2000)


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